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INTERLUDIO 7

  —Por eso mismo, se?or presidente —dijo un congresista debatiendo. —No podemos dejar que algo nuevamente así ocurra. Usted sabe que no solo murieron varios hacendados de la región, también toda la familia de un general de las fuerzas armadas.

  El presidente estaba reunido con todo el congreso debatiendo la situación que había pasado en Bunny Boom.

  —Se?ores, no debemos hacer estas suposiciones, que haya sido en un circo estadounidense no significa que hubiera sido un atentado de Texas, es claro que alguien intenta incitar a nuestros socios del norte para involucrarnos en un conflicto que no nos compete. Culpar a los texanos, sin pruebas contundentes, no es algo que nos podamos permitir. —Intentaba calmar los ánimos de la reunión.

  Stolen novel; please report.

  Muy al interior, estaba Antonio junto con otros 3 generales. Observaban, con botellas en mano, vestidos de traje. Se marcharon enojados.

  Antonio suspiró poniendo sus manos en la cintura, golpeando la pared con un manotazo afuera en los pasillos.

  —Ese pedazo de inútil no le declarará la guerra a Texas —Habló el general de división, Rodrigo, quien era el más viejo de entre todos.

  —Todo indica que Andras atacará los Estados Unidos para finales del próximo a?o en lo que prepara la campa?a. —Respondió Antonio acariciando su bigote. Miró su botella y la aventó a la pared.

  Rodrigo se paró frente a ellos. —Tenemos que hacerlo, si no comenzamos a preparar al ejército para ayudar a los gringos, más temprano que tarde esos idiotas europeos fragmentarán toda la región —acomodó su saco—. Venga, vamos, estos imbéciles políticos se van a arrepentir de jugar a la diplomacia y más Motari por reunirse con ese enfermo de Andras —La mirada de los 4 se nubló al caminar hacia afuera del ya no tan respetado edificio.

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