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Sistemas Acoplados y Constantes Universales

  Al día siguiente, Bernát se despertó con los rayos del sol golpeando directamente su cara y con una sensación extra?a de movimiento sobre su cabeza... Efectivamente, una pareja de pájaros había decidido que su cabello era el lugar ideal para construir un nido. No tenía ánimos para levantarse; no encontraba un propósito claro en aquel mundo desconocido, pero entonces escuchó una voz tan chillona que habría reconocido incluso estando sordo: era Eszter Varga, su amiga de Hungría.

  —Te lo juro, si llego a encontrar al que nos mandó aquí, lo voy a matar por hacerme perder mi partida —gritaba la chica con indignación.

  También se escuchó otra voz, cuyo tono sereno contrastaba profundamente con los gritos de Eszter:

  —Sé que estás molesta, pero estamos en un lugar desconocido. No deberías hacer tanto ruido o atraerás a algún depredador.

  Era Máté Szabó, su otro amigo de la infancia.

  —?Alto! Siento la presencia de un "nido de cuervos" —dijo Eszter, deteniéndose en seco. Caminó hacia los arbustos donde Bernát estaba oculto y le propinó una peque?a patada en la pierna—. Oye, ?estás vivo? —preguntó, observándolo desde arriba junto a Máté.

  —?Tú también fuiste teletransportado aquí por esa fuerza misteriosa, Bernát? —preguntó Máté con una calma tan imperturbable que parecía que, para él, aquello era un lunes cualquiera.

  —Sí. ?Cómo les sucedió a ustedes? Yo estaba en la parada del autobús y, de repente, aparecí aquí. Llevo un día entero caminando sin parar —respondió Bernát mientras se ponía de pie, provocando que los pájaros que anidaban en su cabeza salieran volando espantados.

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  —?Ves? Siempre te dijimos que parece que tuvieras un nido de aves en el pelo —se burló Eszter con una peque?a sonrisa.

  —Yo estaba en clase cuando, de pronto, aparecí en este lugar junto a... —Máté intentó explicar, pero Eszter lo interrumpió de inmediato.

  —?Yo estaba a una sola partida de subir de rango! Te juro que si encuentro a quien sea que nos trajo, lo haré polvo —sentenció ella, visiblemente enfurecida.

  Eszter siempre había sido una fanática de los juegos multijugador y se tomaba sus estadísticas muy en serio. Era una obsesiva de la psicología desde ni?a; por otro lado, Máté vivía apasionado por la bioquímica y la fisiología humana. Bernát pensó que, quizás, el hecho de que los tres fueran unos "nerds" obsesivos en sus respectivos campos era la razón por la que habían sido amigos desde siempre.

  —Pensaba que estaba solo en esto, pero siempre están a mi lado —dijo Bernát, con la voz quebrada. Una lágrima resbaló por su mejilla; pasar la noche a la intemperie, completamente solo, le había hecho creer que nunca volvería a verlos.

  —Oye, no te pongas a llorar —dijo Eszter, dándole un golpecito amistoso en el hombro—. Recuerda: ?El mundo cambió, pero nosotros tres no. Somos una constante universal?.

  Era una frase que habían acu?ado en la secundaria para animarse mutuamente.

  —Eszter tiene razón. Somos una constante. Mientras estemos juntos, las leyes de este mundo no importan —a?adió Máté, mientras le tomaba el pulso a Bernát de forma instintiva para asegurarse de que estuviera bien de salud.

  —Por cierto, ?qué habilidad te tocó, Bernát? —preguntó Eszter cruzándose de brazos—. A mí me dieron Manipulación de Redes Neuronales... genial, soy una psicóloga con esteroides. Máté puede cambiar la rigidez de sus tejidos; básicamente es un bloque de concreto con patas.

  Bernát bajó la mirada, sintiendo una mezcla de timidez y vergüenza:

  —Mi habilidad es... Manipulación de la Homología de Floer en Variedades Symplécticas Locales.

  Se produjo un silencio absoluto. Máté parpadeó, procesando los términos, mientras que Eszter soltó una carcajada estrepitosa.

  —Bernát, te dieron un doctorado en matemáticas como superpoder. ?Es la habilidad más inútil de la historia! Ni siquiera puedes invocar una manzana con eso —concluyó ella entre risas.

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