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Mi Hermana, la Estrella de Rock

  Andrew estaba en la biblioteca, donde el aire olía a mora azul, un ambientador que había puesto esa vieja. El lugar estaba abarrotado de fans de Eclipse que devoraban sus novelas de vampiros; apenas logró conseguir un asiento en una esquina. Para empeorar las cosas, su nariz sensible lo hacía sentir todo como un asco.

  Se concentró en su libro, aguantando empujones y chillidos, y no pudo evitar maldecir mentalmente a la bibliotecaria, que probablemente estaría limpiándose las u?as en ese momento.

  Por fin logró sumergirse en la historia: la caída de la Unión Soviética en 1998-1999, la creación de los primeros nanobots y su ataque a Europa del Este. El intento de remontar había fracasado; los nanobots fallaron y crearon el caos, hasta que el agente Susano hizo… algo. Andrew se mordió el labio. Realmente quería saber qué había hecho ese tipo. algunos teorizaban que había introducido un virus, otros que destruyó los controladores o convenció a los científicos. Al final, todos los nanobots fueron liberados para su estudio.

  Lo único claro era que el agente Susano había eliminado al General Negro y a la cúpula de la Unión Soviética. Seguía siendo un misterio cómo se crearon en secreto, cuando la URSS estaba llena de infiltrados. Tampoco se conocía el género o la identidad real del agente, ni qué sistema habían usado los soviéticos para evitar investigaciones antes de la liberación.

  Andrew disfrutó de los desvaríos de su libro que ahora se daba cuenta era el diario de uno de aquellos científicos, pero su felicidad se esfumó cuando la alarma del teléfono sonó a las tres de la tarde. Se estiró, guardó el libro en su lugar y se abrió paso entre los adolescentes.

  Miró las paredes, los estantes, a los adolescentes… Todo cambiaba. La salida estaba cerca. Con las manos sudorosas, leyó el título de un libro, dio unos pasos y leyó otro. Dejó escapar un suspiro. Era diferente. Casi corriendo, salió. Sacó un pa?uelo de su chaqueta y se secó el sudor de la cara.

  Miró a su alrededor, nervioso. Había gente caminando; era libre. La biblioteca era un espacio euclidiano, nada que ver con aquel maldito edificio de apartamentos. Respiró exaltado y caminó con más serenidad hacia su auto: una Chevrolet Astro-S, una minivan mediana y una furgoneta que no era gran cosa, aunque sus amigos siempre armaban alboroto por ella.

  Andrew se subió y, con un movimiento suave, puso el auto en marcha. Debía pasar a buscar a los idiotas. Ya en camino, disfrutando de una canción de rock suave y un cigarro barato, tuvo que admitir que tener su propio auto era mejor de lo que pensaba. Aunque ahora era el chófer de Ashley. No esperaba que su padre se lo regalara; al parecer, era un regalo por los cumplea?os que habían olvidado celebrar.

  Andrew no lo entendía del todo. él y Ashley nunca tenían fiestas; Ashley se enfurecía por eso, pero él no. siempre había una torta o un asado, así que no se quejaba.

  Andrew sentía que las cosas avanzaban. Julia se estaba acercando, y Ashley… bueno, Ashley era Ashley. Lo tenía bajo estricta vigilancia, la peque?a demonio que se creía…

  Con el suave sonido de la radio, llegó por fin a una cancha de baloncesto donde pudo ver a Amigo A y Amigo B en las gradas, junto con Gilipollas y otros chicos. Andrew suspiró. Debía pasar más tiempo con ellos; ya habían empezado a hacer chistes o planes sin invitarlo. ?Qué se creían esos brutos? Aunque, con Gilipollas en el grupo, sabía que algo así pasaría algún día. Tenía que encontrar el momento para restablecer el vínculo.

  Al tocar el claxon, una banda se acercó y se subió por la puerta trasera. Con el ce?o fruncido, Andrew agarró a Gilipollas por el cuello justo cuando este intentaba entrar por la puerta del copiloto.

  —?Quién invitó al club de negros a mi buga? —siseó Andrew la última parte,con irritación, notó cómo el sudor y otros olores inundaban su vehículo. Ya podía imaginarse a Ashley quejándose o burlándose.

  —Qué mono, colega, ver a tu hermanita ahí, en esa cosita de escenario —Gilipollas soltó una risita, no una risa de verdad, más bien como un gru?ido de cerdo—. Y tú, tan preocupado porque tenga público… Mira, yo solo te traigo gente que sí sabe apreciar buena música.

  Andrew solo podía escuchar las consignas de todos los colados en su camioneta, saltando de un lado a otro. Claro que quería público, pero no una panda de gorilas. Ashley merecía un público tranquilo. Apretó los dientes.

  —Vaya, mira, se ha puesto coloradito —Gilipollas le dio unas palmaditas en los cachetes con un aire de falsa complicidad—. Tranqui, ya lo he dejado claro: si se portan como animales, aquí estoy yo para… poner orden. —Su tono destilaba una preocupación fingida—. Al fin y al cabo, queremos que Ashley… bueno, que tu hermanita tenga el público que se merece. O eso es lo que dices siempre, ?verdad, colega?

  Andrew respondió dándole un cabezazo, tirándolo contra el asiento del copiloto, mientras escuchaba las exclamaciones de los metiches. No tenía tiempo para echarlos; ya estaba perdiendo demasiado. Solo pudo amenazarlos con que se comportaran si sabían lo que les convenía.

  Amigo A y Amigo B le hablaron, pero no tenía ganas de escuchar sus excusas. Andrew mantuvo la velocidad. Ya tenía licencia, pero solo mientras siguiera las reglas.

  Aceleró lo más rápido que pudo, luchando por mantener el control de la radio. Andrew podía oler el sudor, y algo más… No estaba seguro de qué era. Con la mirada fija en el camino, aspiró, pero el olor se volvió más fuerte a medida que la multitud se emocionaba.

  Después de un par de semáforos, por fin llegaron al bar. Andrew estacionó, los chicos salieron de la parte trasera y Gilipollas lo hizo junto a él. Al entrar un fuerte frío lo golpeó un escalofrío lo golpeó, desde la esquina de su vista vio una tarima donde una banda de jazz tocaba una balada romántica. Buscó con la mirada y allí estaba Julia, en la barra. Con paso firme, Andrew apartó a Gilipollas y al estúpido que le hablan a Julia .

  —Julia, disculpa la tardanza. Te ves bien —dijo.se sentó con la mejor sonrisa que pudo reunir.

  —An-drew, yo estoy bien, gra-cias. Ashley se está preparando —Julia jugó con su pelo y lo miró con esos ojos amarillo Nápoles: suaves, cremosos, claros, serenos y acogedores. Andrew sintió que podía hundirse en ellos.

  Por suerte, Gilipollas y los demás se habían dispersado, charlando o tomado algo. El bar no era muy grande; según la investigación de Andrew, su capacidad era apenas para unas doscientas personas. El grupo de Gilipollas ya estaba moviendo las cosas con algunos gritos o chillidos; solo esperaba que no hicieran escándalo.

  —Enton-ces… Ashley me pidió una beb-ida, pero ya no me dej-an entrar —la suave voz de Julia sacó a Andrew de sus pensamientos. Se frotó el puente de la nariz; debía concentrarse en la chica sexy y agradable que tenía frente a él no en bullicio o olor a tabaco.

  Andrew le dijo a Julia que pidiera la bebida, que él se encargaría. Ella asintió y pidió varios smoothies: de fresa y arándanos para Ashley, de mango y fresa para ella.

  —Muchas gracias, Julia —Andrew tomó el smoothie de limón y manzana de las manos de Julia mientras se dirigía tras bastidores,tuvo que abrir el paso con la vista sobre Julia,miró al guardia con los ojos bien abiertos—. Mira, mi hermana está allí y le traigo unos smoothies. Así que me dejarás pasar —se acercó lentamente, compartiendo un chasquido de lengua con el guardia, quien finalmente se quitó del camino.

  Julia le agradeció y Andrew solo indicó que no era gran cosa; el tipo solo quería molestar. No tardaron en encontrar a Ashley, con unos jeans ajustados, una chaqueta corta y una camisa de mezclilla con el símbolo de una gran cabeza de gato estilizada en rojo neón. La peque?a diva incluso se había puesto algo de maquillaje ligero estilo gótico.

  —Por fin. Pensé que algún perro lujurioso te había atrapado —dijo Ashley, tomando a Julia por la cintura. Su querida hermana disfrutó de su bebida. Andrew no dudó en acercarse—. Mira quién está aquí. Bien hecho, Andy, cuidar a la conejita. Tal vez merezcas un premio…

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  —También me alegro de ver que no estás nerviosa. Dominas el escenario —Andrew atrajo a las dos chicas en un gran abrazo, y la peque?a demonio soltó bufidos—. Si está nerviosa, dime.

  Ashley solo le sacó la lengua. Según ella, solo le faltaba su bebida, pero su adoración y Julia le habían dado un impulso , y aseguró que les daría autógrafos cuando fuera famosa.

  Andrew solo rio, diciéndole que ella siempre sería su hermana menor y que no le subieran demasiado los humos, pues era su primer show. Julia le presentó a la banda con la que tocaría Ashley; al parecer, eran un grupo suelto que se juntaba cada tanto, y Ashley los había conocido tras una partida de juegos de mesa. Andrew anotó mentalmente que debía ir más a aquellas mesas.

  Se despidió de Ashley, no sin antes darle un beso en la frente. Ya en el bar, Julia le dijo que había visto a su hermana Jane, y Andrew la acompa?ó. Pero Jane le lanzó una mirada dura, y Andrew olfateó algo picante en el ambiente, aunque de inmediato se arrepintió: el olor a alcohol, tabaco y quién sabe qué más lo hizo tambalearse ligeramente.

  —?Andrew! —Julia le sirvió de apoyo. Andrew le agradeció, pero un chasquido de lengua le hizo volver la vista hacia Jane, quien los observaba con una mirada de pocos amigos—. Mira, perdedor, vete con tus amigos, tus drogas o tus putas. No molestes. Vamos, Julia —Jane se la llevó así, sin más.

  Andrew se quedó en medio del bar, rodeado solo por un mar de olores, y sintió el frío del aire acondicionado. Se ajustó la chaqueta y, con un suspiro, se sentó en la barra pidiendo un café con leche con rabia quien se cree está loca ella fue expulsada del campamento por fallar las pruebas a su edad.

  —Hombre, ?por qué no pruebas algo nuevo? ?Tengo razón o no? —Al girarse, Andrew vio a Amigo A rascándose la cabeza con una bebida en la mano. Andrew recordó que debía reconectar con ellos.

  —?Qué te puedo decir? Con este frío, seguro esconden muertos —Andrew se rio mientras disfrutaba de su bebida. Amigo A no se rio; siempre había sido alguien sin sentido del humor.

  —Bueno… oye, la gente va a un partido de básquet en el norte. Vente con nosotros; hay chicas —tomando un sorbo de su bebida, Amigo A no le devolvió la mirada. Andrew asintió y degustó su café con leche lentamente, observándolo allí parado en medio de la multitud.

  —Suena bien. Al terminar aquí, nos movemos al norte; ya está coordinado con el resto —Andrew tomó la rama de olivo, pero no se dejaba llevar del todo, podía ser una trampa. Debía ir con cuidado.

  —Gracias, brother. Toda la razón. Tú me cuidas. Y vente con la tímida, que fijo te la llevas cuando te vea jugar —compartiendo un choque de pu?os, Amigo A comenzó a hablar de todo lo que habían hecho sin él, que, como esperaba, se podía resumir en ir de un lado a otro, jugando o buscando chicas, metiéndose en problemas de todo tipo.

  —Te lo digo, brother, Gili no sabía que esa chica era novia de Máx el pavo Trajo a su gente —Andrew solo pudo negar con la cabeza. Acostarse con una chica tatuada en un bar de mala muerte era una mala se?al; además, en dicho lugar solía pasar el rato una pandilla. Lo más preocupante sería una enfermedad, no una pelea.

  —Si hubieras estado allí, seguro no nos peleamos —y Amigo B llegó soltando un halago. Este idiota siempre trataba de ser amigo de todo el mundo, qué molesto.

  Pero si querían volver, Andrew no se quejaría. Pasaron el rato poniéndose al día, entre una sarta de halagos poco sutiles y varias quejas sobre Gilipollas. Al parecer, todas esas peleas no eran del agrado del grupo. Andrew sonrió. Esto sí era algo bueno.

  —Ya, bájenle. Va a empezar; busquen un lugar cerca del escenario —Andrew se levantó entre afirmaciones y se metió en la multitud mientras la banda de jazz se retiraba. Su búsqueda por fin lo llevó ante Jane y Julia, quienes estaban hablando. Andrew mantuvo la distancia.

  —Ay, Julia… ?En serio te creíste todo lo que te soltó esa gótica rarita? Tú no vas a aguantar ni la mitad del campamento —Andrew frunció el ce?o. Julia no era exactamente la persona más resistente, pero Ashley siempre presumía que ella le seguía el ritmo en el ejercicio.

  —Lo dic-es por-que tú no lo logra-ste. Ashley cree que puedo: hago sentadillas, práctico con mi pistola, puedo lanzar unos golpes… Además, ya eres mayor, ?por qué te metes en mi vida? —Aún a su modo, Julia lograba responderle a su hermana. Andrew asintió para sí. Jane había sido expulsada a los dieciséis; ahora debería tener unos veintidós.

  —Mira, yo solo quiero lo mejor para ti, ?entendés? Eso es demasiado. Ashley y su hermano no son más que problemas. ?No extra?ás a tus amigas de verdad, como Clara o Marcy? —Escuchar cómo lo insultaban a él y a Ashley no era de su agrado, pero le resultaba grato ver que Julia sí era amiga de Ashley.

  —Yo solo quiero lo mejor para mi hermanita. Y lo mejor es que no te metas donde no puedes brillar. Déjales ese “héroe trágico” a los que no tienen otra opción. Tú sí la tienes. Usa el sentido común.

  Estirándose, Andrew hizo acto de presencia. Ignorando a Jane, se acercó e invitó a Julia a ver la tarima de cerca. Ella, con la mirada algo baja, aceptó. Y al irse, Andrew sonrió ante Jane, obviamente molesta porque Julia no le hacía caso. Andrew conocía esa mirada, y descubrió que era increíble estar del otro lado.

  —Entonces, ?cómo estás? —Andrew solo podía ver a Julia: los ojos entreabiertos, inevitablemente molestos, pero adorables como un pastelito.

  —Es-toy bien, digo… Jane sigue siendo ella. No entiende que puedo, que debo hacerlo. No puedo fallar; esto es importante —Andrew alzó una ceja. Julia sonaba determinada, pero seguía siendo muy linda. Se maldijo por pensar eso, pero el rebote de sus pechos era hipnótico. Entendía por qué Ashley la llamaba conejita.

  —No es mi asunto, pero estoy seguro de que lo harás. Eres dura, digo… le disparaste a ese monstruo —Andrew pasó un brazo por el cuello de Julia, apartándola de la multitud mientras recordaba que fue Julia quien le había disparado al monstruo.

  —No fue na-da. El se?or Susano fue quién se encargó de todo. Su fedora es bastante bonito, sabes —Julia jugueteaba con sus dedos, mucho más animada. Andrew solo podía pensar en ese hombre es muy sospechoso y ese nombre de ser un apodo.

  Ya frente a la tarima, chocó los pu?os con Amigo A y Amigo B, quienes soltaron silbidos junto a comentarios muy innecesarios.

  —Lo siento por eso, y quisiera ir a otro lugar más tarde —Andrew conocía un restaurante informal con una cancha; mientras estaba con Julia y Ashley, podría jugar con esos idiotas.

  —Me parece bien. Gracias, Andrew —y con un abrazo por el costado, el concierto inició.

  que te parece ahora el fragmento dime tú opinión extensa:

  Todas las luces se apagaron, y allí, en el escenario, estaba Ashley con la mirada baja y el cuerpo relajado. Andrew se preocupó, pero una vez que la guitarra comenzó a sonar, el espectáculo cobró fuerza.

  Ashley se movía lentamente por el escenario con movimientos abiertos, deslizándose con gracia.

  Ooo, amor mío, me completas, aaa.

  Búscame, mi deseo es profundo.

  Somos tú y yo... es nuestro destino.

  Nuestro valor vencerá los desafíos.

  La voz grandiosa resonó como cristal por todo el bar. Andrew se sorprendió de que la primera canción de Ashley fuera una de amor y rock suave. Se encontró siguiendo el ritmo junto a otros, e incluso escuchó a algunos cantar.

  Ashley no hacía movimientos complicados; solo mantenía un vaivén suave. Su voz era melosa, con los hombros bajos. Andrew, aunque disfrutaba del momento, reconoció la inteligencia detrás de la elección: aquella canción era una extensión natural de la pieza de jazz anterior. No era casualidad; era oficio aprendido, la misma atención al detalle que su padre le había inculcado desde que tenía diez a?os.

  Y el maquillaje gótico era una máscara: la armadura de su hermanita que usaba para convertirse, por tres minutos, en la artista que siempre había sido. Bajo el delineado negro, su rostro —aún infantil— no ocultaba el miedo, sino que lo exhibía y lo domaba en cada nota; se veía tan hermosa

  No era coincidencia, lo supo al instante. La peque?a artista había preparado todo con cuidado: su canción combinaba demasiado bien con lo anterior, Andrew no lo dudaba: Ashley había aprovechado el calor que el jazz había dejado en el público. Solo podía sonreír ante la astucia.

  —Peque?a demonio —murmuró, con un orgullo que le ardía en la garganta, al tiempo que encendía un cigarrillo y cerraba los ojos, siguiendo la música con Julia a su lado, quien tarareaba al compás de la canción.

  Más temprano de lo que hubiera querido, la canción terminó con Ashley despidiéndose, prometiendo volver con fuerza, mientras miraba al cielo con una sonrisa enorme. Los aplausos no tardaron en llegar, pero los abucheos sonaron para Andrew como una blasfemia porque sabe de dónde viene.

  con la canción terminada, Amigo A y Amigo B lo guiaron hacia donde estaban agrupados los idiotas en la barra.

  —Hombre, esto fue aburrido. Amor, amorcito, vencer… es una mierda, ?verdad? —dijo un gorila sin gusto, incapaz de apreciar la suavidad. Obviamente, un coro de voces se unió,porque Andrew esperaba algo diferente. Apretó los pu?os cuando uno a?adió.

  —Aunque tenía un culazo, ?verdad, Drew?"

  ?Cómo se atrevían? El derechazo salió antes de que pudiera pensarlo, mandando al idiota al suelo y callando bocas del coro.

  —?Mi nombre es Andrew, idiotas! —No perdería más su tiempo. Si Amigo A y Amigo B querían juntarse con esa gente, no era su asunto… Sí, sí, sí, él no estaba obligado a estar alli. ?Por qué debería…? Era tan idiota pudo hacerse ido.

  Al alejarse, con Amigo A y Amigo B siguiéndolo sin intentar realmente que volviera de seguro aprovechado para irse del grupo, sin mucho esfuerzo encontró a Ashley en la barra sonriendo, tomando café con leche con Julia. Para su sorpresa, también estaban su padre y su madre, aunque su madre se la pasaba bebiendo café con leche sonriendo a Ashley con es sonrisa cansada y su padre hablaba con Julia.

  —Entonces, ?cómo estás, mi rockstar? —con esas palabras, Ashley le respondió con una gran sonrisa, atrayendo a Julia a su costado, lista para presumir y buscar halagos.

  Andrew estaba listo. Era el día de Ashley, e intentó poner cara de crítico, pero una gran sonrisa le partía la cara mientras levantaba a Ashley entre vítores

  Fin.

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