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Capítulo 2 - Señales de retorno

  Mirka llevaba oficialmente treinta y cuatro minutos muerta cuando Isha volvió a la sala de comunicaciones.

  No había pasado por su camarote. No había hablado con nadie. Se limitó a cruzar los pasillos como si aún estuviera en turno, siguiendo una rutina que no había tenido tiempo de actualizarse a la nueva información.

  El parte médico preliminar seguía abierto en su tableta, congelado en una pantalla que Isha no había querido cerrar: causa de muerte en evaluación. Cada vez que la miraba, sentía que el lenguaje administrativo no estaba preparado para describir lo que había visto.

  La actividad cerebral persistente había cesado hacía poco. Demasiado tarde para ser tranquilizadora. Demasiado pronto para explicarse.

  Isha cerró el archivo sin archivarlo.

  Entonces, el canal interno tardó dieciocho minutos en volver a la normalidad.

  Demasiado para un sistema redundante. Demasiado poco para justificar una revisión completa. El tipo de intervalo incómodo que nadie quería se?alar como problema, pero que todos anotaban mentalmente para más tarde.

  Isha Morven estaba sentada sola en la sala de comunicaciones cuando ocurrió la primera devolución.

  Había apagado los monitores principales y dejado activos solo los secundarios, los que registraban ruido de fondo, latencia residual y eco de se?al. Era una manía suya. Decía que las anomalías no aparecían en los datos importantes, sino en lo que el sistema consideraba irrelevante.

  Tecleó un mensaje corto para Corven Blayke.

  ISHA → PUENTE

  Se?al interna estabilizada. Voy a correr diagnóstico extendido.

  Presionó enviar.

  La confirmación apareció de inmediato.

  Luego, un segundo mensaje entró en la cola de recepción.

  Isha se puso seria.

  Era idéntico al que acababa de enviar.

  Misma firma. Misma ruta. Mismo timestamp.

  Excepto por un detalle.

  El sello temporal marcaba +00:03:14.

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  Tres minutos y catorce segundos en el futuro.

  —No —murmuró.

  Revisó el registro. El sistema no había duplicado el mensaje. No había bucle. No había error de caché. La transmisión figuraba como recibida, no reenviada.

  Isha borró la entrada.

  El segundo mensaje desapareció.

  Respiró hondo y se obligó a no sacar conclusiones.

  El cruce había sido limpio. Eso seguía siendo cierto. No podían empezar a atribuir cada fallo menor a la costura dimensional. Así nacían los mitos. Así se perdía el rigor.

  Escribió el mismo mensaje otra vez, más largo, con variaciones intencionales en la sintaxis.

  ISHA → PUENTE

  Diagnóstico extendido en curso. Aviso si detecto algo fuera de norma.

  Presionó enviar.

  Esperó.

  La confirmación llegó.

  Y, casi al mismo tiempo, la respuesta.

  No era idéntica esta vez.

  El texto decía:

  ISHA → PUENTE

  No confíen en las marcas de tiempo. Todavía no.

  Isha se quedó inmóvil.

  Las manos suspendidas sobre el teclado. La espalda rígida. La sensación familiar de cuando una se?al no cuadraba, amplificada ahora hasta volverse física.

  —Esto no es gracioso —dijo en voz baja, aunque no había nadie para escucharla.

  Abrió el panel de metadatos.

  Firma de voz: Isha Morven

  Clave de encriptación: válida

  Origen: nodo de comunicaciones de la ALMA-9

  Ruta: inexistente

  Tiempo estimado de emisión: +00:06:41

  Se quitó los auriculares como si quemaran.

  Durante un segundo pensó en Mirka.

  En la mesa quirúrgica.

  En la línea que no se apagaba.

  Sacudió la cabeza. No. No era el momento.

  Activó el registro manual y empezó a grabar todo: entrada, salida, ruido residual, latencia. Si aquello era un fallo, necesitaba datos. Si no lo era... también.

  —Comunicaciones a puente —dijo por el canal abierto—. ?Están recibiendo duplicados?

  Hubo una breve estática antes de que la voz de Corven respondiera.

  —Negativo. Todo normal aquí. ?Por qué?

  Isha miró el mensaje en pantalla. El que no debería existir.

  —Nada —dijo—. Solo... interferencias menores.

  Mintió con la facilidad de alguien que todavía cree que puede contener el problema si no lo nombra.

  Cerró el canal y volvió a sentarse.

  La sala estaba demasiado silenciosa. El tipo de silencio que no dependía del sonido, sino de la ausencia de respuesta del entorno. Como si la nave entera estuviera escuchando, pero no participando.

  Isha escribió una línea nueva. No la envió.

  ISHA → ?

  ?Quién eres?

  El cursor parpadeó.

  Durante un largo segundo, no ocurrió nada.

  Luego, la respuesta apareció sola en la pantalla de recepción.

  ISHA → ISHA

  Ya lo sabes.

  Solo estás adelantada.

  Isha se levantó de golpe, la silla raspando el suelo.

  —No —dijo—. No, no, no.

  Desconectó el módulo de transmisión principal. Luego el secundario. Luego el terciario. La sala quedó a oscuras, iluminada solo por las luces de emergencia.

  Su tableta vibró.

  Un mensaje nuevo.

  Sin red.

  Sin canal.

  Solo texto.

  ISHA

  No apagues esto todavía.

  Necesitamos tiempo.

  Isha cerró los ojos.

  No gritó. No lloró. No entró en pánico.

  Anotó.

  Porque si algo había aprendido en diecisiete meses de viaje era esto:

  cuando la realidad empieza a responderte, lo peor que puedes hacer es fingir que no escuchas.

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  Anomalía Registrada #002

  Transmisión recibida con firma temporal futura y voz identificada como Isha Morven.

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