**Punto de vista de Kanea**
Al ponerme de pie con la ayuda de Sey, mi cuerpo protesta como si intentara seguir la rutina de ejercicios que Víctor realiza todas las ma?anas. Al recordar su nombre y su figura, cargada por Falu en un estado incierto, sacudo ligeramente la cabeza para concentrarme en lo que tengo delante.
—Ahora —pido, mirando a la se?orita Sey.
—Toma un poco; yo llevaré la pluma. Debemos ense?ar al pueblo que, aun en estas circunstancias, podemos mejorar... cambiar... confiar. *Cof, cof* —una tos interrumpe su discurso.
—?Y si descansas? —cuestiono, preocupada.
—Ya no hay tiempo. Cuanto más tiempo pasemos aquí, más personas morirán —responde, apretando con más fuerza su bastón.
Sintiéndome atraída por su determinación, solo puedo seguirla. Tomo un poco de la cura en un recipiente y me apresuro a salir con ella, mientras la lluvia que nos había acosado durante días comienza a ceder, paso a paso. El clamor de los heridos que sucumbían ante la enfermedad se hace cada vez más fuerte, hasta que las figuras de personas tiradas en el suelo o recostadas fuera del salón de reuniones nos dan la bienvenida a lo que nos espera.
—Kanea... Sey —la voz debilitada de Nehari junto a Tovael nos saluda con un leve hilo de conciencia.
—?Tenemos la cura! —grita Sey, aunque débilmente, a una multitud agotada y cansada.
—?Es segura? —pregunta uno de los heridos que aún se mantiene despierto.
Sin responder, Sey baja la mirada hacia el suelo, como si esas palabras no pudieran salir de ella sin traicionar algo que lleva dentro. Sin dejar que ella cargue sola con ese peso, alzo la voz.
—Se los imploro, esta es la oportunidad de salvar a todos... es por lo que ustedes lucharon.
—?Y por qué no lo pruebas tú primero? —grita una voz cansada, llena de rabia.
—...
—Ella es la clave para que esto sea viable. Si algo sale mal, ella lo corregirá... pero si... —intenta explicar Sey.
—Yo lo haré —grita Tovael, al lado de Nehari.
—Tovael —protesta Sey.
Poniéndose de pie, Tovael se dirige lentamente hacia nosotras, con una de sus manos envuelta en vendas y heridas llenas de sangre seca, extendiendo su mano sana hacia ella.
—Vi su valor y su lucha. Al final de esto, yo lo haré, si eso evita más muertes y muestra la confianza que nos falta.
—Gracias —dice Sey.
Sin decir una palabra, Sey toma la mano de Tovael. Con reverencia, ella me mira; sin decir nada, asiento con la cabeza. Sosteniendo ligeramente el cuerpo de Sey, ambas nos dirigimos hacia la sala de reuniones. Dentro del cuarto, las miradas de las personas que aún son atendidas por las pocas que pueden hacerlo penetran nuestra convicción y nuestras palabras.
“Víctor, por favor, que funcione”, lo repito constantemente hasta llegar a un peque?o espacio preparado para esto. Colocándome frente a él, su figura, antes imponente, contrasta con la palidez actual de un hombre enfermo, deseoso de esperanza. Sin decir más, nos sentamos uno frente al otro, acomodando el recipiente. La luz dorada de ese líquido espeso otorga cierta calidez a la tensión del momento.
—Que Teyara te guíe —pide Tovael.
—Ojalá —ruego.
Soltando un suspiro, tomo una pluma del pájaro de fuego que me entregó Nehari y saco apenas una pizca. La sensación de mi mana siendo atraída hacia ese líquido es intensa, fluida, pero frágil, como si un ni?o tirara de una cuerda sujeta a una roca.
—Tovael, por favor, muéstrame la marca.
Sin rechistar ni prolongar la espera, Tovael rompe lo que queda de su camisa. Un ligero movimiento de su brazo deja ver una marca extra?a y repugnante que cubre parte de su abdomen.
—Muy bien, voy a iniciar —explico.
Al soltar un suspiro, recuerdo las palabras de Nehari.
—“Tal vez esto te ayude... pero nuestras marcas, nuestros hechizos son como dibujar en patrones ya hechos; como si un arco ya estuviera armado, como un recuerdo olvidado hace mucho. Si usas eso, la sensación que necesitas buscar es esa” —recuerdo.
Frunciendo el ce?o, la calidez del líquido se hace presente, y, como si percibiera mi lucha interna, Tovael habla.
—No busques. Cuanto más busques su encuentro, más se alejará. Confía en mí. Solo confía —explica.
Frunciendo aún más el ce?o, la ansiedad comienza a burbujear dentro de mí: la ira por no poder ayudar, la frustración por no saber cómo lograr encontrar esa sensación, hasta que, como si siempre hubiera estado en mi interior, un patrón aparece de pronto en mi cabeza. Mi mano, como si algo me guiara, suelta un poco de mi mana, dirigiéndolo contra mi voluntad hacia la pluma. Acercándome a la marca que dejó esa enfermedad, comienzo a sobreescribirla con la pluma. Cada trazo hace que la luz morada que emanaba de ella brille con más intensidad, como si tratara de resistirse a la luz del antídoto, hasta que terminó con la marca. Ambas luces brillaban de forma intermitente, como si lucharan por sobrevivir. Dejo la pluma a un lado; todas las venas que salían de la marca fueron desapareciendo, y la luz del antídoto comenzó a apagarse, mientras Tovael se mantenía con calma y un rostro sosegado.
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—Se?or Tovael, necesito que me diga lo que siente —pido.
Tomando un respiro, Tovael habla.
—Nada... solo una calidez extra?a que comienza a crecer desde la marca. Es... agradable.
Pero antes de poder continuar, la luz morada de la marca comenzó a crecer, envolviendo por un leve instante a Tovael. Apretando el pu?o, comienzo a clamar hasta que la luz dorada empezó a filtrarse entre ambas y envolvió todo el cuerpo de Tovael, hasta apagarse por completo. En medio de ello, su cuerpo empezó a hacer arcadas, poniendo sus manos en el suelo como si tratara de sacar algo de él. Por unos agonizantes segundos que parecieron minutos, su cuerpo luchó, hasta que la luz de la marca brilló tenuemente por última vez y una última arcada liberó un humo espeso de su boca que desapareció antes de poder tocar el suelo.
Sin poder reaccionar ante esa acción, el cuerpo de Tovael cayó inconsciente al piso, y, como un movimiento automático, comencé a revisar su estado con las súplicas en mi mente de que todo funcionara como debía, hasta que una voz me detuvo.
—Ni?a... cálmate.
Al voltearme, el rostro de Tovael reflejaba, por fin, algo de color; su temperatura comenzaba a estabilizarse y mi cuerpo soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. Mirando a los demás, la desesperación mezclada con esperanza me inundó hasta que una mano tocó mi hombro. Al voltear, la cara de Sey, aliviada, me mira fijamente y expresa unas palabras:
—Lo lograste, Kanea.
Al escuchar esas palabras, un leve sollozo sale de mí, recordándome los llantos de un ni?o, y susurro:
—Lo logramos, Víctor. —Haciendo unas respiraciones cortas, hablo para todos—. ?Lo vieron? ?No hay tiempo, por favor! —dejando que mi súplica se filtrara con más fuerza.
Terminada mi súplica, una mujer ayudó a un guerrero de la tribu a acercarse y, al estar enfrente de mí, pude reconocer la figura de la chica a la que le entregué el pergamino.
—él pidió acercarse... y mi padre está con los demás heridos... inconsciente, por favor.
Antes de seguir, asentí rápidamente en se?al de aceptación. Tomando nuevamente la pluma, la misma sensación recorrió mi cuerpo, dejando que curara esas marcas y, como si todos lograran confiar, cada persona trajo a más, y la pesadez en el ambiente comenzó a transformarse en esperanza. Los rostros que lamentaban por el peligro de sus familiares pasaron a un alivio por su recuperación, gracias a la ayuda de Sey, hasta que la última luz se?aló la cura de todos los infectados.
Revisando a mi alrededor, las figuras de las personas daban la bienvenida a sus familiares que lograban despertar progresivamente, pero el alivio que sentía por las personas recuperadas fue rápidamente desplazado por un dolor intenso en mi cuerpo y núcleo, que hace que mis piernas cedan. Pero antes de caer al suelo, la figura de la misma chica de antes me sostiene.
—?Estás bien? —pregunta la chica.
—Algo cansada por el esfuerzo —contesto.
Llevándome a otro lugar más calmado, me ayuda a acomodarme en una silla, lejos de las personas que estaban recuperándose.
—?Sabes? Nunca pregunté tu nombre —digo, recordando.
—Soy Nira —responde mientras me seca el sudor de la frente.
—Nira, y la se?orita Sey... ella estaba junto a mí hace... —indago mientras reúno fuerzas en mis piernas.
—Ella... está revisando a Víctor.
Al escuchar su nombre, los recuerdos de él, herido en los hombros de Falu, llegan a mi mente y, como si supiera que algo está mal, trato de ponerme de pie, pero soy detenida rápidamente por el cansancio que abrumaba todo mi cuerpo.
—Kanea, por favor, no te levantes —suplicó Nira.
—Por favor... es mi amigo —suplico, sosteniendo con toda la fuerza que puedo la mano de Nira.
Reuniendo fuerzas, ella me sujeta de la cintura y me levanta lentamente para ir en dirección a Víctor, tomando el antídoto por mera intuición. Camino por las calles junto a ella, la melancolía de estos días es rápidamente reemplazada por la alegría de los familiares que logran abrazar a sus allegados, aunque un leve pesar ronda en mi corazón. Con un brazo faltante y vendada, la figura de Daina yace frente a la puerta. Al verme, algo de pesar se refleja en su rostro.
—No deberías estar aquí —opina.
—Víctor —respondo.
Agachando la mirada, un pesar se apodera del ambiente.
—Kanea... él está grave —continúa Daina.
Sin esperar más, trato de caminar en dirección de la puerta, pero ella la bloquea rápidamente.
—Ahí está Sey, Kanea, estás exhausta, por favor, no —pide Daina.
—Es mi amigo... y soy maga, puedo ayudar. Aún puedo —hablo con la mayor determinación que puedo reunir.
Soltando un suspiro, me deja pasar. Al entrar, la figura de Víctor, en una cama vendado y con el rostro pálido, se dibuja ante mí; y Sey, exhausta, yace junto a él.
—él... —trato de hablar.
—No me queda tanto para curarlo... su estado es crítico; sus órganos fueron golpeados, su brazo está roto y su pierna no está mejor —expone Sey.
—Yo puedo, mis hechizos de curación pueden salvarlo —digo, tratando de invocar poder en mi mano sin importar las quejas de mi núcleo.
—Por favor, ni?a —habla rápidamente Sey, acercándose a mí y sosteniendo mis manos—.
—No lo perderé, él es mi amigo —suplico, al borde de perder los nervios.
Manteniendo su mirada, un suspiro sale de ella.
—Sabes, cuando extraímos el poder, una idea surgió en mí, pero requiere de tu ayuda —explica.
Sin decir más, simplemente asiento con la cabeza, esperando un milagro. Soltando una de mis manos, ella me dirige hacia él y, colocando nuestras manos en el vientre de Víctor, Sey habla.
—No puedes usar los hechizos con lo que te queda, pero puedes guiarme. Es algo extra?o, pero tu eficiencia puede dirigir lo que me queda —explica.
—Creo que entiendo. Mi amiga Emma... ella dijo algo parecido —aseguro.
Sin pronunciar palabra, su rostro concentrado me da pie a comenzar con el hechizo, llevando el restante de mana a las manos y tratando de formarlo. Tanto como se me permitía, una tenue luz verde comenzaba a crecer, pero amenazaba con apagarse hasta que una luz dorada se unió a ella.
—?Estás...? —trato de preguntar, viendo el rostro al borde del desmayo de Sey.
—Algo anda mal, es como si no pudiera llegar a sus heridas —expresa Sey.
—?De qué hablas? —cuestiono sin poder notar algo diferente.
—Quería ayudar a Falu... la pasará mal —murmura Sey mientras su cuerpo comienza a brillar con más intensidad.
—Ese ni?o nos salvó... es lo mínimo que puedo hacer por él —aprieta Sey, evitando que interrumpa el hechizo.
—?De qué estás...? —trato de preguntar, intentando soltar su agarre.
—Cuida de Falu; estará solo, necesitará a alguien que lo entienda. Tú lo entiendes... si puedes, por favor, ayuda a mi pueblo, a mi familia —pide Sey, derramando lágrimas mientras el brillo en su cuerpo se intensifica.
Hasta que la luz se atenuó, el rostro de Sey perdió brillo lentamente en sus ojos y su cuerpo comenzó a caer con cada movimiento. El ruido de afuera comenzó a desaparecer, quedando en un silencio solitario. Sin fuerzas, sosteniéndola con todo lo que me queda, la llevo a recostarse contra la pared, aun sabiendo su estado. Comienzo a revisar su situación, pero el frío en sus manos y la falta de pulso lo confirman, y lágrimas comienzan a caer de mi rostro.
—Sey... ve tranquila, ayudaré a lo que protegiste —digo entre sollozos.

