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Huellas del Basio

  ***Punto de vista de Víctor***

  Caminando por este bosque espeso, el movimiento de los árboles y las mariposas volando ante mis ojos me dan una advertencia de lo que vendrá, y casi como si estuviese grabado en mi mente, hablo sin pensar.

  —Va a llover.

  —?De qué hablas? —pregunta Kanea casi inmediatamente.

  —Es solo una sensación —respondo, casi distraído.

  —Yo también creo lo mismo —asiente Falu.

  —Ustedes son unos pesimistas —se burla Kanea, adelantándose a nosotros.

  Antes de poder asimilar esas palabras, las primeras gotas de agua cayeron sobre mi rostro, y con el pánico que todos sentimos, entendimos la situación: cada segundo era valioso, y retrasarnos no era una opción. Debíamos acelerar el paso. Con solo una palabra, comenzamos a correr tan rápido como podíamos.

  Con cada minuto que pasaba, el ruido del agua cayendo se hacía más fuerte, y los caminos que antes recorrimos fácilmente se volvían cada vez más difíciles. El lodo pegándose en nuestros pies dificultaba caminar y hacía que nos cansáramos más rápido.

  —Si utilizo mi poder, mi maná, tal vez logre llegar más rápido y hacer la medicina —opina, con un hilo de preocupación en su voz.

  —Ni lo pienses —ordeno—. Aunque lo logres, te necesitaré para lo que vendrá, y no hay certeza de que los síntomas que tenías antes no regresen, incluso antes de llegar. Lo mejor es…

  —Lo mejor es mantenerse juntos... somos fuertes —completa Falu.

  —D-debemos ir más rápido —tartamudea Kanea, con un ligero rubor en sus mejillas.

  Las horas pasan y la lluvia no hace más que incrementar, hasta que nuestro cansancio rinde frutos. La figura del pueblo se hace presente, y con una sonrisa mutua, solo puedo pedir que no sea tarde. Aun dando un paso, el mismo dolor de antes se hace presente; es algo igual de fuerte, pero lo suficientemente intenso para detenerme por un segundo.

  —?Estás bien, Víctor? —pregunta Kanea, preocupada.

  Dando un respiro disimulado, sonrío.

  —Nada, es solo cansancio.

  Asintiendo, continuamos nuestro camino hasta llegar frente a las puertas del pueblo. Ahora, con una ligera melancolía acentuada en el ambiente, al entrar por las mismas puertas que, hace apenas un día, salimos, se siente como si hubieran pasado semanas. Al ver al frente, el rostro que una vez estuvo lleno de poder y confianza, ahora se transforma en alguien pálido y sin su aura imponente. Nos da la bienvenida el padre de Falu, Zael.

  —?Padre? —pregunta Falu, preocupado.

  —Me alegro de que estén bien —responde Zael, mirando a todos con alivio.

  —?Todos? —pregunto, aumentando los latidos de mi corazón.

  —Están... en el mismo estado, y el vacío no ha dado se?ales. El resto se encuentra en la sala de reuniones, están esperando noticias suyas y los siguientes pasos... debemos darnos prisa, no creo que mantengamos esa misma suerte.

  —Está...

  —Tú debes descansar —interrumpe Falu, con la preocupación atorada en la garganta.

  Alzando la mano en se?al de comprensión, respondo con una calma propia de un líder.

  —Soy uno de los líderes de este pueblo. Sin importar qué, debo estar aquí.

  Esas palabras traen a mi mente el rostro de una mujer… una amiga. Apretando casi sin pensar el pu?o, interrumpo la conversación.

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  —No tenemos tiempo, debemos organizar todo.

  Con un asentimiento de Zael, comenzamos a caminar por las calles, que una vez estuvieron llenas de vida. Ahora, con la lluvia, suenan como una tristeza perforante.

  —?Funcionará? —pregunta Zael, su rostro pidiendo esperanza.

  Su expresión, junto con esa pregunta, me provoca un nudo en la garganta y me transporta a antes de aquella batalla y a las dudas que me aquejaban. ?Yo también pedía esperanza? Pero, casi sin pensar, respondo.

  —Debe funcionar. ?Ella también pensó lo que yo? —agrego en mi mente.

  Al llegar a la sala de reuniones, lejos de la lluvia, el rostro de todos los líderes del pueblo se mantiene expectante a lo que yo podría decir.

  —Primero, denle algo de comer y un lugar donde puedan secarse antes de continuar —pide Zael, tratando de controlar la ansiedad que amenaza con consumir incluso a los líderes.

  Levantándose, Nehari nos guía a un lugar aparte para poder tranquilizarnos. Dejo todo lo que no necesito y miro a Kanea.

  —Voy a ir con los líderes.

  —Deberíamos descansar un rato —opina Kanea.

  —Ustedes descansen, yo solo hablaré con ellos.

  Manteniéndose en silencio, las palabras de Falu rompen el silencio.

  —Confío en ti. Cuando nos necesites, por favor, cuenta conmigo... yo iré a ayudar con los que estén en cama.

  —...Yo también iré con los heridos —agrega Kanea.

  —Gracias.

  Entrando en la sala, el ruido de la discusión entre los líderes me da la bienvenida.

  —?No estabas descansando? —pregunta Tovael, con una voz cansada.

  Caminando hacia la mesa del centro, tomo la mochila con las hojas del árbol de Abel y las coloco con sumo cuidado sobre esta, como si estuviera cargando lo más importante de mi vida. La dejo y, tras un suspiro profundo, respondo.

  —No creo que tengamos tiempo... aun puedo continuar.

  Todos observan con algo de incomodidad mi tranquilidad ante esta situación y se quedan en silencio.

  —Muy bien, ni?o, la vida de mi pueblo está en tus manos. Dime, ?cuál es el siguiente paso? —pregunta Zael, sentándose en el lado opuesto de la mesa.

  —Es en esencia sencillo: atrapar al vacío, extraer su núcleo y usarlo para crear una cura para esta enfermedad —respondo, sentándome.

  —Jajaja —ríe Tovael con sarcasmo—. Si fuera tan sencillo matar a un vacío, no estaríamos en este predicamento. Dos de nuestros compa?eros murieron simplemente espantándolo. Me atrevería a decir que cazar a un dragón caído es mucho más fácil que matar a un vacío.

  —él tiene razón. Si siquiera consideramos atrapar algo como eso, deberíamos estar preparados para que muchos de los nuestros mueran, y es un hecho que no estoy dispuesta a aceptar —agrega Nehari, sentándose junto a Tovael.

  Dejando que el silencio se asiente, un trueno retumba en el horizonte.

  —?Creen que los que están de pie sobrevivirán? ?O lo que les espera en el futuro será mejor? —pregunto.

  —Ten cuidado, ni?o —advierte Tovael.

  Suelto una presión impresionante; el aire a mi alrededor comienza a pesar y la expresión de Zael, que antes era cansada, se llena de un filo impresionante, haciendo que mi cuerpo tiemble. Tomando un segundo, contemplo mis opciones: si no logro convencerlo, moriremos de cualquier forma. Solo tenemos esta oportunidad.

  —Entiendo el miedo, pero deben confiar. Si lo hacemos correctamente, nadie más morirá y podremos salvar a todos.

  —?Por qué ayudarnos? Tú no tienes núcleo, tal vez en el futuro lo poseas, pero en ese instante tendrías el antídoto en las manos. No te ves como alguien que no buscaría la forma de sobrevivir —pregunta Zael, mirándome a los ojos.

  Porque los necesito. Al igual que ustedes, son un medio para mi fin, pero requiere que sigan vivos… respondo en mi mente. Tal vez si "ella" lo escuchara, me daría un golpe, diciendo que me estoy enga?ando con ese pensamiento. Respondo.

  —No soy de los que dejan morir a alguien... al menos sin una razón —respondo.

  —Dime tu plan. ?En qué se diferencia de cualquier otro intento que alguien haya hecho? —pide Zael, tal vez tratando de darme una oportunidad para convencer al resto.

  —Es simple: hacerle caer en una trampa y usar lanzas para paralizar su cuerpo.

  —?Pero qué estupidez! —grita, exaltado, Tovael.

  —Cálmate, Tovael —pide Nehari, soltando un poco de su aura por un breve instante—. Víctor, creo que aún eres muy joven para saberlo, pero eso ya se ha intentado incluso antes de que nuestro pueblo lograra ser libre —explica, relajando el ambiente.

  —Puede que sí, pero ellos no tienen esto —se?alo la mochila llena de esas hojas.

  —Nuestro pueblo conoce la mayor parte de este ambiente: qué planta hace qué y el propósito de cada animal. ?Por qué crees que conoceríamos la utilidad de unas hojas que nosotros consideramos como una simple planta más de la naturaleza? —pregunta Zael.

  —Tiempo, perspectiva, y tengo una prueba de ello —respondo con firmeza.

  —?Prueba? —replica Nehari.

  —El maná que poseo dentro de mí es algo que no solo tengo por entrenamiento, sino por la ayuda de esas hojas —respondo.

  —?Y debemos confiar en tu palabra? —pregunta Tovael.

  —Ya lo saben, no tienen opción, y mi participación en el enfrentamiento contra el vacío debería bastar —respondo con firmeza.

  Con esas palabras, todos quedan en silencio, el cual es devorado por el ruido de la lluvia y los rayos de la tormenta que aún afloraba, hasta que la risa de Zael llega a todos los oídos.

  —Creo que ya todo está dicho. Confiaré en él y creo que todo lo que ha hecho debería ser suficiente —pide Zael mientras se pone de pie y mira por un instante hacia una ventana.

  —Uffff —suspira Tovael.

  —Yo apoyo a Zael —opina Nehari, tocando el hombro de Tovael.

  —?Qué más necesitas? —pregunta Tovael.

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