Los emperadores sobrevivieron a la explosión gracias a un escudo de emergencia. El impacto los arrastró varios metros, pero sus sistemas aún funcionaban.
—Integridad estructural al 41% —anunció 02.
—Capacidad de combate reducida —a?adió 03.
—Aun asÃ… continuamos —concluyó 01.
Pero entendieron algo al mismo tiempo.
La tormenta apenas comenzaba.
Desde el cielo, una figura descendió envuelta en energÃa oscura. El aire vibró. El suelo se agrietó al recibir el impacto.
King.
Su cuerpo habÃa cambiado por completo. Cuernos curvos, cola viva, musculatura reforzada y la aureola de espinas flotando sobre su cabeza como una corona torcida.
—Mi forma perfecta —declaró con orgullo frÃo.
01 atacó primero. Velocidad máxima. Golpe directo.
No duró.
King lo interceptó a mitad de avance y lo destrozó con un solo contraataque. El cuerpo mecánico salió disparado como metal sin peso.
02 y 03 entraron juntos. Coordinación perfecta. Ataque cruzado.
Inútil.
King los dominó con brutal facilidad. Cada movimiento suyo parecÃa adelantarse a sus cálculos.
—Máquinas… pero sin espÃritu —dijo con desdén—. VacÃas.
If you discover this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the violation.
En ADAS, el silencio era antinatural.
Zoliat se levantó entre ruinas humeantes. Su cuerpo estaba gravemente herido, pero no fue el dolor lo que lo detuvo.
Fue la vista.
Sus estudiantes. Sus discÃpulos. Sus hijos adoptivos.
Ninguno respondÃa.
La onda los habÃa alcanzado de lleno.
El mundo de Zoliat se quebró sin sonido.
Su pecho dejó de moverse por un instante, como si el corazón hubiera olvidado cómo latir. Luego llegó el grito. No fuerte, sino profundo. Un sonido que parecÃa arrancado del alma.
La tristeza se transformó en algo más oscuro.
Ira pura.
—quien…
Comenzó a caminar. Cada paso dejaba marcas de energÃa en el suelo.
—No te irás sin pagar.
De vuelta en el campo de batalla, los emperadores comprendieron que no podÃan ganar de forma individual.
—Opción final autorizada —dijo 02.
—Sincronizando —respondió 03.
Los tres cuerpos se unieron mediante enlaces de núcleo. Luz interna. Reconfiguración total.
La fusión nació.
Unidad Cero.
King aplaudió lentamente.
—Ahora sà se pone interesante.
Atacó primero. Cero bloqueó. El choque levantó una onda de presión que barrió el terreno.
Golpe. Respuesta. Golpe. Respuesta.
Era una lucha de fuerzas absolutas. Ninguno retrocedÃa.
Hasta que Cero empezó a perder eficiencia.
—EnergÃa descendiendo —advirtió su sistema.
King sonrió.
—Fin del juego.
Entonces una nueva presión cayó sobre el campo.
Zoliat llegó.
Ensangrentado. Quemado. De pie.
—Tú… —dijo con voz rota—. No tienes derecho a seguir respirando.
King giró la cabeza, curioso.
—?Y tú quién eres?
—Alguien que ya perdió demasiado.
Zoliat cerró los ojos un segundo.
—No me importa morir después de esto. No me importa romper la advertencia. No me importa el castigo de los dioses.
Los abrió.
—La cadena Aether… se rompe.
Una explosión de poder brotó de su cuerpo. No era energÃa común. Era antigua. Profunda. Prohibida.
Zoliat no era solo un guerrero.
Era un antiguo dios caÃdo.
—Usaré lo que me queda —dijo—. Y te arrastraré conmigo si es necesario.
La energÃa se elevó como una columna al cielo.
A kilómetros de distancia, Nymeria se detuvo en seco.
—No… —susurró—. Zoliat rompió la cadena.
Kaelion y los demás sintieron la presión y tomaron posiciones de combate, creyendo que un nuevo enemigo habÃa aparecido.
—Ese poder no es normal —dijo Eisvard.
—Es desesperación —respondió Nymeria en voz baja.
Más al sur, Kael también lo sintió.
La presencia era tan intensa que actuó como faro.
—Ahà está —dijo—. King está ahÃ.
Miró a Noisi y a Kaisen.
—Muévanse. Ahora.
Aceleró el paso al máximo.
Porque ese poder… no anunciaba victoria.
Anunciaba sacrificio.

