Dentro de una sala de tronos, un blanco inmaculado cubría todas las paredes. En medio de este salón, un círculo manchado de sangre se presentaba ante un joven con una armadura ensangrentada y desgastada, que sostenía a un hombre mayor con una corona salpicada de una sustancia negra.
—?Estás listo, chico? Si te colocas en medio del círculo, podrás viajar a esa maldita ciudad mágica —habla el hombre con un tono de cansancio.
—Mi rey, yo...
—No digas nada más. Si perdemos tiempo, esa cosa podría superar los últimos muros... Debes ir.
Apretando el pu?o, el joven camina pesadamente hacia el centro del círculo. Al colocarse en posición, mira con los ojos rojos al rey.
—?Si ella hubiera vivido, tal vez habríamos logrado ganar! —grita el hombre con un toque de ira, recordando aquel hecho.
—Eso no lo sé... ni tú tampoco. Ahora lo que queda es llevar la información a esa maldita ciudad y después buscar una cura —habla con amargura mientras toca una marca negra en su espalda.
Dicho eso, un rugido ensordecedor provoca la ruptura de los vidrios de la habitación y eriza los pelos del cuerpo de ambos. Como si respondiera a eso, la tenue luz del círculo dibujado en el suelo comienza a disminuir su brillo. el joven con su mirada llena de ira y miedo recorre su mirada hasta ver la tenue venas negras que recorria el cuerpo del rey jura.
-?lo are! encontrare una cura y evitare que mas personas mueran a manos de esa criatura
como si esas palabras le regresaran algo de esperanza el hombre sonrio
—Cuidado, ni?o. Mi hija estaría orgullosa de ti.
Sin decir más, el rey realiza una herida en su brazo, la cual esparce por todo el círculo. El joven, sin poder pronunciar palabra, desaparece en un halo de luz blanca. En el salón, donde solo queda el rey, un suspiro casi agotado sale de sus labios mientras mira al techo; de pronto, varias figuras comienzan a invadir las ventanas, transformando la luz en oscuridad.
—Mi amada... mi hija, iré con ustedes pronto... Solo lucharé una vez más y eso será todo.
Dicho eso, el maná responde a su ira y comienza a emanar un aura azul electrizante, que se transforma en una espada en su mano, envolviendo todo el lugar en esa misma luz.
**Punto de vista de Víctor**
Acomodando la madera en el camino, solo puedo pensar en salir vivo de aquí. Voy a rogarle ayuda a ese maldito. Si no lo logro, nosotros...
—?Víctor!
La voz de Kanea me saca de mis pensamientos.
—Yo... lo lamento.
—?Estás seguro de lo que me estás pidiendo? —indaga, apretando la madera que sostiene—. Tal vez yo podría ayudar a... —intenta proponer.
—No —corto con firmeza, tratando de calmar mi propio pánico—. No hay tiempo. Alguien llamó a esa cosa aquí, y cada segundo que pasamos discutiendo, más personas morirán.
Grito esa excusa, tal vez para ella o para mí.
—Pero... ?cómo sabes todo esto?
Esas palabras son lo único que no he logrado responder ni justificar; pero aún más, las siguientes palabras de Kanea me sorprenden.
—Deberemos pensar en una justificación para cuando todo esto termine —habla, tal vez intentando calmar la preocupación que proyecta.
—Cuando lo llamemos, deberás estar en posición. Espero que Falu convenza a todos.
—Yo... confío en él.
Al mirando a Kanea con una determinación diferente, la calidez de las palabras que pronuncia se refleja en sus ojos, tal vez por fe... Pero antes de continuar, el ruido de otra explosión nos hace volver la vista.
—Kanea, termina el camino. Debo ir a preparar una cosa más... Ve con Daina y explícale todo.
Con un asentimiento, continúo. Al volverme en dirección opuesta, una voz de un hombre miente, vestido con un traje militar olvidado, paraliza mi primer paso. Habla con una voz quebrada: "él solo tensó la cuerda, yo soy el que... los mando a la horca."
Corriendo hacia la salida del pueblo, el caos se va quedando atrás. Al ver el bosque y su leve brisa, me arrodillo frente a él; el suelo frío me da la bienvenida. Con un movimiento, coloco el cuchillo en el suelo, hundiendo mi mano en él, y la sangre comienza a caer en los patrones que dibujo.
—Por favor, maldita invocadora, ayúdame donde quiera que estés ahora —ruego entre susurros, con la voz quebrada.
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El viento, con una tenue caricia, comienza a soplar con más fuerza.
—Sé que me escuchas.
—Sé que tus oídos están en casi todos lados,
—con tus mensajeros oyes todo lo que pasa en estos bosques,
—pero aún más cerca de esas cosas...
—?Sé que no puedes recordar por qué los odias!
El viento, como un animal, muerde cada palabra que pronuncio. Con esta desesperación, las imágenes de los muertos y las miradas de miedo, mezcladas con hostilidad y los susurros de a?os de reproches por quien fui, hacen que grite.
—?Ustedes no! ?No quiero hablar con malditos mensajeros!
—Espíritus de bajo rango, díganle que tengo lo que él quiere.
A pesar de no tener núcleo, ni siquiera un nivel de conexión con los espíritus aceptables, puedo imaginarme a peque?os espíritus de bajo rango disculpándose por su rey y, con confusión por quien los llamo, evitando aceptar cualquier contrato.
—Díganle que sé que ama su ley de no interferencia.
—La repito como un mantra: la honra, pero sé que quieres.
—Sé que deseas un contratista
—para lo que crees que vendrá.
—?Yo puedo guiarte a ella! Pero necesito tu ayuda ahora.
—?O un día sabrás cómo puede morir un espíritu a manos de esas cosas! —grito con toda la rabia que puedo reunir.
El viento, que soplaba con fuerza hace tan solo un segundo, se detiene como si la muerte hubiera llegado. ?Me rechazó? Con un soplo diferente, las hojas muertas del suelo comienzan a danzar enfrente de mí, y lo único que alcanzo a decir es:
—Gracias. Solo puedo confiar en que su ira y curiosidad lo moverán.
Corriendo de regreso, el fuego acumulado en la ciudad se incrementa a cada segundo, y con la esperanza de que esto funcionará. El aire me empuja, guiándome con cada paso que doy.
Al seguir el ruido de las explosiones, lo veo con claridad: un monstruo humanoide, tan oscuro como la noche. Con cada zancada que da, el suelo se estremece. El fuego que brota me roba el aliento... eso despierta en mí pensamientos que quería ocultar... solo soy un cadáver... en una lucha que sé que está perdida. Pero de pronto, un brazo me tira hacia atrás.
—?Eh! Ni?o, ?estás seguro de lo que planeas? —interroga la voz de Nehari, sacándome de mi shock.
—Yo sí... sí estoy seguro —respondo, mirando mi mano temblar ante la presencia de esa cosa. Al observar bien a la jefa, su rostro tan pálido confirma lo que ya suponía: todo lo que está pasando es "por él".
—Creo que no me siento bien —interrumpe Nehari mientras se tambalea.
—Debemos terminar esto rápido o todo podría ir a peor —explico, sosteniéndola para que recupere su equilibrio.
—Tovael y Zael están en sus últimas. Debemos movernos. Yo seré quien lo guie.
—No lo lograrás —interrumpo, con sinceridad.
—??Qué?! —pregunta, incrédula.
—Morirás.
Nehari me empuja débilmente con la fuerza que puede reunir en su estado actual. Con un ligero vistazo, peque?os temblores aparecen de cabeza a pies, y entre el ruido de explosiones y el retumbar de mi propio corazón, una voz suave con un toque de melancolía se reproduce en mi mente: "Con todo el mal que he hecho, al menos una vez... una vez quisiera ayudar".
—Déjame ayudar... por favor —hablo casi sin pensar.
—?Tú? Apenas puedes pelear mejor que una persona sin núcleo.
Mirándola fijamente, su mano pálida, la cual sostenía una especie de mango, temblaba preocupantemente.
—Y tú apenas te puedes poner de pie. ?Cuánto tiempo crees que podrás llamar su atención hasta llevarlo hacia allá? —pregunto con reproche.
—Si vas, morirás —habla con un dejo de preocupación.
—Yo no puedo morir. No ahora.
Manteniendo su mirada, una risa surge de ella y me da un asentimiento, lo que me da luz verde para entregarle tres de mis cuatro flechas a Nehari, junto con el arco.
—Cuando esté cerca de este lugar, deberás lanzar las flechas lo más cerca de su cabeza que puedas.
—?Estás seguro de que esto funcionará? —duda Nehari.
—Sí, estoy seguro.
Sin decir más, empiezo a correr en dirección a la lucha que tienen los líderes y su gente contra esa cosa. Al llegar a ese caos, un descuido, tal vez por esa enfermedad, el cansancio o una suma de ambos, hace que esa bestia golpee con fuerza a Tovael, mandándolo lejos junto al líder Zael, dejando a la criatura sola con guerreros ya agotados.
—?Eey! —grito con toda la fuerza que puedo reunir.
—?Qué hace un ni?o? ?Corre! ?Es peligroso! —gritan los que aún tienen algo de fuerza en sus cuerpos.
—?Tráiganlo por aquí! —grito, levantando la flecha bendecida por la Santa.
Al ver esto, la criatura libera un grito aún más aterrador, haciendo que todos los presentes dejen caer sus armas. Entre la desesperación, un hombre habla:
—?Es lo que dijo Falu! ?Debemos guiarlo hacia esa él!
Sin más, la criatura da un paso, tal vez instintivamente, hacia adelante, pero antes de poder dirigirse sin control hacia mí, una lanza de color y aura ploma golpea su cabeza. Con solo un vistazo, supe que esa lanza era... lágrimas de la fuente.
—No lastimarás a nadie —susurra Zael, apenas poniéndose de pie, y todos lo escuchamos.
—Kanea me lo dijo todo, pensé que... no, nosotros lo guiaremos hacia ti... más vale que mantengas el ritmo —sonríe Daina, mientras sostiene su lanza con las manos ensangrentadas.
Asiento rápidamente, y como si eso provocara una reacción, esa cosa ignora todo lo que tiene delante y comienza a dirigirse hacia mí. Cada segundo se siente como una eternidad; corro tan rápido como puedo y las pisadas de esa criatura se sincronizan con los hechizos que conjuran. Cada paso que da su ruido comienza a superar los demás sonidos hasta que, por fin, llego a la trampa ya preparada. Cuando lo noto, una fuerza explosiva me lanza metros más adelante. Al volverme, lo único que tengo delante es esa criatura; su boca, con esa luz hipnotizante, comienza a abrirse.
Antes de pueda arrancarme la cabeza, reúno toda la fuerza que me queda y grito:
—?Ahora!
Un destello de luz dorada se clava en la cabeza de la criatura y, como si la propia luz fuera un acido, comienza a devorar lentamente esas escamas que cubren su cuerpo. Entre gritos ensordecedores, un fuego comienza a rodearnos; dentro de estas llamas, su color cambia de un rojo intenso a un amarillo divino, casi igual al de la primera flecha.
Cuando la criatura lo nota, como si fuera instintivo, toda esa valentía y furia se transforma en el miedo de una presa acorralada, alejándose. Pude soltar el aire que no sabía que contenía, recomponiéndome con la fuerza que me quedaba. La sensación del viento empujándome hacia adelante recorre mi espalda.
En ese instante, un destello gris choca con la criatura y, sin poder reaccionar, una voz grita:
—?Continúa! ?Soy el único que sigue de pie!
Como si fuera una orden, corro; ayudado por el viento, logro acercarme a la puerta, pero sin poder sentir una pizca de alivio, una garra de esa cosa me envuelve en un abrazo frío que me tumba al suelo, con la respiración cortada por la presión de sus garras. Solo tengo una cosa en mi cabeza: "Si no logro salir de aquí, mi camino terminará en el principio". Casi sin querer, grito:
—?Tu maldito rey... sé que puedes ayudarme!
—?Dame tu voluntad!
—Y te diré la razón por la que no puedes recordar nada de esa época! —grito, con la voz casi colapsada por el esfuerzo.
Previo a perder el conocimiento, una sensación fresca recorre todo mi cuerpo, como si un viento helado atravesara mi ser. Como si finalmente pudiera respirar, esta nueva sensación logra abrir una peque?a abertura en el agarre de esa cosa, permitiéndome salir.
Como si estuviera aguardando, una segunda flecha logra clavarse cerca de su espalda, y como la otra, una gran herida se forma en ese lugar, seguida de un rugido visceral que me hace perder la conciencia por un segundo. Al reaccionar, la garra de esa criatura se acerca peligrosamente a mi cara, pero antes de impactar, una persona se coloca frente a mí; a pesar de ello, la fuerza del choque hace que retrocedamos una peque?a distancia.
—Za... Zael, yo... —trato de hablar.
—Debes retroceder —habla con la poca fuerza que le queda.
Al levantarnos, la criatura, con heridas considerables, se planta imponente frente a nosotros.
—Debes correr... no podré protegerte —susurra Zael.
—No puedo hacer eso —niego con firmeza—. Te daré una oportunidad. Si Nehari lee bien la situación, lanzará la última flecha —explico, entregando la flecha que tenía en la mano a Zael.
—Y... por favor, no culpen a Kanea. Ella es la que quiere ayudar a todos —sonrío.
—?Qué...?
En sus ojos solo se reflejan confusión y grito con súplica:
—?Ve!
Con esa sensación refrescante, ya sea su voluntad o la de sus perros me tengo su voluntad, algo... peligroso, pero útil para poder manejar mi mana.
"Dentro de este maldito mundo, lo único que nunca podría ser es eso— un... vendido por el mana. En lo único que puedo destacar, tal vez por lo que viví, fue en mi sed de sangre: era tan grande que podía intimidar a grandes guerreros, y con esta voluntad es lo único que puedo replicar actualmente".
"Esa cosa trata de atrapar a Zael, liberando toda la ira en forma de sed de sangre. Eso distrae lo suficiente para que Zael aproveche el momento. Con un grito que se queda como un zumbido, una segunda luz de mi costado envuelve mi vista."

